Tempus fugit dicen los viejos relojes. Y tanto ha huido que de nuevo estamos en Suchi. Un año en el que ha pasado de todo. En medio del estres, llega la calma, la calma de un pueblo que parece anclado en el tiempo. Aunque quizas no tanto.
Mi primera impresion a la vuelta fue, Dios esto ha progresado, cantidad de pequeñas cosas que hacen preveer una evolucion. Pero que es la evolucion? Para el salvadoreño que ve en la television los rascacielos de los japoneses, su pueblo se encuentra estancado en el tiempo. Para mi, esas casas pintadas de alegres colores que intentan olvidar el conflicto armado de hace apenas 20 años, la proliferacion de comedores que hace pensar que viene mas gente a trabajar, el humilde agromercado por el que tantos correos hemos cruzado o simplemente el utilizar hoja de arce para el tinte de la ropa mas barata de conseguir que el añil. Quien se atreve a decir que no han progresado?
El mundo gira como el polen arrastrado por la brisa.
Cerramos la maleta y emprendemos el viaje. Cruzamos el océano en busca de recuerdos. Besos en el portal. Cuídate. Llama cuando llegues.
El mundo gira como una bolsa de plástico atrapada en el torbellino.
Llegamos tras un largo viaje a San Salvador. Somos interrogadas por el funcionario que vigila la frontera tras un cristal. ¿Por qué viaja? ¿Hasta cuándo? ¿Con quién? Las respuestas más sinceras no le convencerían al funcionario. Porque vivo, porque tengo preguntas, porque amo, porque estoy viva.
El mundo gira como la figura danzante y la mochila se quedo en Madrid. Oscar Jaime se pasea por el aeropuerto en busca de unas fotocopias que cuestan 40 minutos. Primer encuentro con una cultura diferente, cuanto cuesta una fotocopia? 40 minutos y un lo siento mucho con una sonrisa? o Medio minuto y que pase el siguiente?
El semaforo de la aduana se pone en verde indicando que empieza la historia. Marleni que nos espera y el viejo conocido del calor salvadoreño que nos da la bienvenida.
El mundo gira. Estamos vivos. Y saludamos esa certeza cantando. El mundo gira, luminoso y azul, como los días de la infancia de Machado. Durante un instante se detiene como el tiovivo de la niñez. Durante un instante observa la risa de Marleni al ver que nos dormimos en la vuelta a casa, el mural de Monseñor Romero en San Martin, el gesto de alegria de Alsides en el reencuentro, el pense que nunca te volveria a ver. El mundo se detiene maravillado para observar este queño milagro. Estamos vivos. Aún soñamos.
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