domingo, 25 de septiembre de 2011

Un pais en guerra

La guerra se siente, esta presente en cada momento de este pequeño pais, incluso una pequeña y aparentemente tranquila ciudad como Suchi esconde una historia tragica. Aqui mismo donde ahora se levantan nuestras habitaciones, donde alguna noche gritamos de miedo al ver revolotear lo que parece que es un murcielago, se libraron duras batallas no hace tanto. Los gritos no eran de sospecha de murcielagos si no de guerra. La zona cero estaba justamente aqui, donde hoy se levanta el Centro Arte para la Paz. Podra este arte y esta paz que se busca traer el olvido de tantas y tantas masacres como este suelo ha visto?

Es este un pais en el que la guerra aun no ha terminado. Se firmaron los acuerdos de paz, pero empezo la peor guerra. Aquella en la que no conoces a tu enemigo. En la que los niños de 14 años tienen licencia para matar por unas ideas que les han dado a cambio de paliar su hambre. Y mientras los de 14 juegan una guerra sucia, los que de verdad pelearon en la guerra civil se levantan diciendo nunca mais. Si viene otra guerra, abandono mi pais. La guerra no lleva a nada. Hara falta otra guerra para evitar tantas y tantas muertes?


No se puede venir al Salvador e ignorar su dia a dia, sus muertes. Y para entender sus muertes, que mejor que entender su historia? Organizamos una minivisita a los sitios de las masacres mas cercanos a Suchi. Tantos y tantos nombres de niños y mujeres. Las masacres se cuentan por millones y estoy casi segura que debajo de cada piedra se esconde la sangre de algun salvadoreño.


Y que hacemos en nuestro norte? A la intemperie viven ante nuestra mirada impasible miles de refugiados, desplazados por guerras, por las ocupaciones o por el hambre; hombres y mujeres, luces errantes, que buscan manos que le salven del silencio. Y así la vida sigue dándonos dentelladas, mostrándonos el abismo peligroso entre nosotros y el futuro. Aún quedan por suerte destellos de luz que iluminan la calle oscura, figuras recortándose contra el cielo naranja, señales inequívocas de que seguimos caminando, pues las siluetas se agrandan según avanzamos y conocemos a mas personas en este pequeño pero gran pueblo de Suchi.



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