Los días van pasando y vistiéndose de todo aquello que vinimos a hacer. Desperezándose con urgencia y ansiedad como el que madruga para emprender un largo viaje.
Ya hemos grabado las bases, de casi todas las acciones que veniamos a hacer. El cimiento sobre el que se construirán las armonías, las melodías que empapelaremos de fotografias, esos que me recordaron que es vivir.
Venir a Suchi conlleva un cúmulo de sentimientos. La responsabilidad de plasmar en forma de reportaje lo vivido y lo hallado. La tensión creativa que electrifica el aire. La alegría de emprender una nueva aventura. El agradecimiento por el privilegio de poder vivir estis ultimos dias, esos retales del alma. Y por qué no decirlo, a pesar de que cuando una pregunta y graba sólo responde a los dictados más íntimos de la conciencia, del corazón, es inevitable sentir la preocupación que conlleva la incertidumbre de no saber si los viejos amigos compartirán las inquietudes que uno vierte en cada tema, el no saber, en definitiva, si uno va a estar a la altura de las expectativas, si las hubiera, de la gente que nos acompaña.
Estas ultimas fotografias, las entrevistas que pretenden convertirse en la base de un documental con el ánimo suspendido en el aire, como una fotografía en movimiento, esa que congela el aleteo de un colibrí, el salto de un atleta, la gota del presente vertiéndose en el charco que es la vida son como esa instantánea que congela la imagen del cajón del escritorio abierto, con sus cosas, sus bolígrafos, los que nunca escriben cuando necesitas apuntar el recado urgente, con la postal de aquel viaje, el cuaderno que aún no estrenaste, o ese otro con el boceto que fueron tus días inconclusos, ya amarillos. Quizá también la risa o el llanto detenido en un gesto aparentemente incómodo en la foto, pero cadencia musical en el contexto de lo vivido.
Y pretendemos asi, realizar un humilde retrato de lo vivido, de lo contado, de lo sentido para que no olvidemos y para que otros conozczan.
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