martes, 20 de septiembre de 2011

De cenas, guerras, conflictos y paz

Antes de continuar con la cronologia de nuestras vivencias en Suchi, creo que vale la pena relatar la increible experiencia que acabamos de tener. Una cena con Morena, Alberto, Gilda y Liliana.


A pesar del enesimo diluvio universal, de la gripe que amenaza con aparecer para quedarse el recuerdo que me queda es de una vivencia increible.


Estar vivo es estar asustado. Estar vivo, supongo, es tener miedo, y sostenerle la mirada a esas dudas que nos achican los pulmones a esa nada parecida a la sensación del escalón olvidado, la pendiente abrupta en el asfalto viajando en el coche hacia una nube.
Saberse vivo aún temiendo que el mañana sea un precipicio o una casa con la puerta entreabierta, vacía y silenciosa, guerra fría, sabiendo que un día al despertar todo se callará y estaremos perdidos.

Saberse vivo aún sabiendo que al borde de la vida está el olvido, será la obligación de los valientes, que saben que está todo por hacer, que olvidados y asustados aún tenemos la costumbre de pelear contra la sombras que esperan escondidas en armarios, que gritan su ronquera en los periódicos que tiemblan en mi pecho como hadas encerradas en un tarro como insectos.

Una cena en la que se confesaron miedos profundos, en los que el recuerdo de una historia dura y tan reciente y la generosidad de compartirlo con nosotras que no sabiamos nada de esta historia. El sentimiento de que solo por estas conversaciones vale la pena haber recorrido medio mundo.


El pensar que la mayor parte de la gente que ahora nos acoge esconden una historia tragica y comparar esa evolucion hacia una cultura de paz y su capacidad para revivir y que los demas no olviden o que los que no conocemos aprendamos es increible.


Ahora mismo en el patio de la concerta suena Un velero llamado libertad de Perales nada mas apropiado para el momento.























No hay comentarios:

Publicar un comentario