Atravieso el cielo de vuelta a casa- Siempre me parecieron tristes los aeropuertos, aunque a veces la gente se encuentre en ellos y los abrazos de bienvenidas florezcan luminosos en las salas de llegada. Siempre recuerdo con más claridad las despedidas. El llanto que acompaña al adiós, el llámame cuando llegues, que tengas buen viaje. El casi desnudarse en los arcos que detectan metales y malas intenciones, el presentar el pasaporte como si entregases monedas.
Y las salas de embarque son algo así como un purgatorio, en el que todos somos extraños, de paso. Y las esperas, mientras los altavoces nombran el número de vuelos en el que nunca viajaremos, sirven para hacer repaso en este tiempo de ausencias y prisas. Y reflexionamos sobre el sentido de nuestro viaje, sobre nuestras faltas y deberes, sobre los planes y los fracasos, y revisamos los mensajes del móvil para recordar un pasado que se nos antoja lejano y huidizo.
Y el viaje nos convierte en otros habitando en nuestro cuerpo. Miramos como la ciudad, cayendo la tarde se convierte en un enjambre de luciérnagas y junto con ellas, todo se empequeñece y soñamos otras biografías. Y nos preguntamos qué sería de nosotros si nuestra vida cupiera en la bolsa de mano que nos dejan introducir con nosotros en el avión. Y en ella, en la bolsa, adivinamos los rostros, salvapantallas de la memoria, de aquellos que nos quieren y que abrazamos antes de subir al avión, y el mapa del recuerdo, donde enterramos aquello que quisimos ser, la renuncia en que se convirtió la vida, el sueño que nos asalta mientras dormitamos en el asiento antes de que el auxiliar de vuelo nos pida que lo devolvamos a su posición vertical.
Y mientras sobrevuelo el Atlántico desierto, mientras el mundo se derrumba y algunos se enamoran, mientras abajo, en Suchitoto, intentan una revolución silenciosa, mientras Valencia arde y prepara las guirnaldas y la feria, mientras el mundo parece ser una pesadilla, y una, a ratos, es feliz, pienso en mí mirando el azul del cielo que ilumina la ventanilla del avión: Yo soy de aquí.
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