miércoles, 7 de julio de 2010

Romero




Podía estar echando charlas en asambleas o conferencias. Con su trayectoria de ortodoxia fiel tenía ya compradas casi todas las papeletas para ser cardenal. Pero está enterrado en el sótano de una destartalada catedral de un pobre país de Centroamérica, en el olvidado sur, con un tiro a la altura del corazón. Y, ironías del destino, rodeado por aquellas marras contra las que tanto luchó en vida.


Son pocos los seres humanos que se quitan ellos mismos el suelo de debajo de los pies cuando ya son viejos. Cambiar seguridades por peligros y certezas amasadas con los años por nuevas incertidumbres. Ésta es una aventura para los más jóvenes. Los viejos no cambian. Es ley de vida.


Y es ley de historia que en la medida en que una autoridad tiene más poder, más se aleja de la gente y más insensible se le vuelve el corazón. Vas subiendo y muchos te van perdiendo. La altura emborracha y aísla.


En Óscar Romero se quebraron estas dos leyes. Se "convirtió" a los 60 años. Y fue al ascender al más alto de los cargos eclesiásticos de su país cuando se acercó de verdad a la gente y a la realidad. En la máxima altura y cuando los años le pedían reposo, se decidió a entender que no existe más ascensión que hacia la tierra. Eligió abrirse a la compasión hasta poner en juego su vida. Y la perdió. No les ocurre a muchos.


Después de tres semanas aquí no se puede menos que hacer un homenaje a la persona que sigue motivando a miles de salvadoreños para que se alcen. Está por todas partes, en las fuentes, en las plazas, por todos lados hay carteles con alguna de sus frases: "Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño". Quizá por eso y para cumplir una promesa al Pere, esta mañana me he saltado todas las normas y he hecho el Indepence Day de todos los viajes. Lo siento, la cabra siempre tira al monte y tres semanas si aventurarme era más de lo que se podía esperar. Eso sí, manteniendo las reglas protegerse en todo momento, he contratado a un motorista y me he ido a visitar los lugares más candentes de esta historia.


Como en todos los Indepence Days, me he encontrado con gente estupenda que me ha contado sus retazos de historia común para acabar formándome un retrato personal y lo que no han conseguido los 3 ó 4 libros que alguien lleva regalados por mis cumpleaños, lo han conseguido los salvadoreños...


Las matanzas que han tenido lugar aquí son impresionantes, como dice una canción me mataron porque no gustaba mi bicicleta. Tan cerca y tan desconocidos...


Hemos acabado en el memorial por los caídos y desaparecidos de esta guerra sin sentido en el que hay más de 30.000 nombres entre desaparecidos y caídos y sólo laicos, el de los religiosos anda por otra parte. Como concienciación cuelgo aquí parte de los dos monumentos para que veáis y sobre todo para que yo no olvide.

No hay comentarios:

Publicar un comentario